Ucraniando
🇷🇺 “Mi padre me protegía con su cuerpo”: Timur Kuserbáev, 24 años, de la ciudad de Ufá:
Cuando se anunció la movilización parcial, acababa de terminar mis estudios en la Escuela técnica del Ministerio de Situaciones de Emergencia, en la especialidad de “técnico en seguridad contra incendios”, y me había matriculado en la Universidad de Ufá para estudiar seguridad económica. Al mismo tiempo, trabajaba en un restaurante. Me llegó la citación y me presenté inmediatamente en el campamento de entrenamiento; después, a Sarátov, al centro de entrenamiento, y de allí, a la zona de la OME.
Serví en la artillería. Al principio era artillero jefe, pero luego el comandante de la batería se dio cuenta de que tenía formación y me nombró comandante de pieza (de artillería) y subcomandante de pelotón. En dos años, ni una sola herida grave, solo pequeños golpes. Aunque trabajábamos cerca del enemigo, estaba a 150 metros.
Mi última misión era llegar hasta la zona, limpiarla (del adversario), afianzarnos y mantener la defensa. Según el plan, ibamos a estar allí dos días. En realidad, hemos aguantado una semana. Llevábamos provisiones para dos días; el agua que lanzaban los drones caía en el campo de minas o se perdía. Una botella intacta ya significaba un día de vida. Cuando se nos acabaron las fuerzas, le dije al comandante: “O nos retiramos, o nos quedamos para siempre”. Nos autorizó a retirarnos.
En el camino de vuelta, nos detectaron unos drones de reconocimiento y comenzaron los bombardeos. Nos alejábamos, nos escondíamos… y pisé una mina. No me di cuenta enseguida de que era una mina. Pensé que se trataba de un explosivo lanzado de un dron. La explosión, un zumbido en los oídos, un compañero gritando que estaba herido. Decidí acercarme a él, pero noté que me fallaba la pierna. Bajé la cabeza: de la bota solo quedaba el cuello con el lazo. No tenía el pie. Por encima de mí estaban los drones lanzadores; si me caía, se acababa todo. Adrenalina, shock por el dolor… Corrí unos 50 metros hasta un refugio. Me vendé la herida y me puse en contacto: “Estoy herido gravemente, Romeo está herido moderadamente”. El comandante dijo: “Aguanta, espera la evacuación”. Los chicos del cuadrante vecino me llevaron hasta el búnker.
A continuación, 15 horas de espera. Un torniquete, vendajes. La pierna no me dolía, lo que me dolía era el torniquete, pero no se podía aflojar. De lo contrario, habría pérdida de sangre. Me mantuve consciente, pedí cigarrillos —tenía que mover el brazo—. Puse música. El comandante dijo que la evacuación era imposible debido al riesgo de bajas. Sabía que mi padre estaba deseando venir a verme.
Mi padre tiene 46 años y firmó el contrato un año después que yo. Quería venir a mi unidad expresamente, quizá para protegerme. Yo me opuse: no quería preocuparme por él teniéndolo cerca. Pero él insistió, e hicimos lo necesario para que lo destinaran a mi unidad. Cuando se enteró de que yo estaba herido, quiso salir enseguida, pero el comandante se lo prohibió: ya estaba anocheciendo. Mi padre esperó a que amaneciera y se puso en marcha. Les disparaban, los drones sobrevolaban la zona, pero lograron llegar.
Mi padre se arrastró hasta el búnker, cansado y jadeante: “Tima, Tima, ¿dónde estás?”. Me sentí como de pequeño, cuando papá volvía de la fábrica y yo salía a recibirlo. Me quité el chaleco antibalas. Al principio me llevaban en camilla, pero luego mi padre me subió a la espalda y me llevó cinco kilómetros bajo fuego enemigo, sorteando los campos de minas. Los drones no nos dejaban en paz, los morteros disparaban cerca. Él es más bajo que yo; le oía susurrarse a sí mismo: “Adelante, adelante, adelante”. Le dije: “Papá, ¿te acuerdas cuando me llevabas a caballito en el parque cuando era pequeño? Pues aquí estamos, otra vez”
Continuará.
👍@ucraniando
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Comments from Telegram
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Sin nombre
El verdadero poder del amor.CactusTwo
Que conmovedor relato. DEntro de lo dramático y terrible que es una guerra, ahí estaba padre e hijo..PRESENDA
Y cuántos de nosotros crecemos y le damos la espalda a nuestros padres a los que no les importa morir por vernos bien